Deia.com
   SABOTEADOR
   POR IMANOL IBARRONDO ex - futbolista (28 / 03 /2007)
  Un entrenador me dijo un día «no pienses, que me acojonas». Durante mucho tiempo me pareció que su comportamiento autoritario y controlador era la causa de esta frase y, posiblemente, lo fuese. Ahora en cambio, si yo fuera entrenador, utilizaría una frase muy parecida con mis jugadores: "no pienses, tan sólo hazlo". Porque tú sabes hacerlo, perfectamente. Sabes, porque ya lo has demostrado... muchas veces antes de ahora. Tus piernas, tus brazos, tu corazón y todo tu cuerpo están deseando hacerlo, pero tú no les dejas. Más concretamente, es tu Saboteador el que se lo impide. Él es quien te dice cosas como "no puedes", "no debes", "no te lo mereces", "no sabes","no arriesgues", "no lo hagas"..., lo cierto es que tu Saboteador es un miedoso. Te alegrará saber que no que eres el único. Todos y cada uno de nosotros, futbolistas o no, tenemos, por lo menos, un Saboteador. Hasta Zidane. Imagino que el suyo en la Final del Mundial, le dijo algo así: «¡Cómo permites que te diga eso!»… y Zidane le hizo caso. Lo malo es que, en este momento, parece que ni juntando dos vestuarios habría perchas suficientes para todos; son una legión.

Yo, al final, conseguí identificar al mío. De hecho, hasta le puse nombre. A partir de ahí, antes de los partidos importantes, cuando amenazaba con aparecer, le encomendaba alguna tarea agradable, como por ejemplo, un viajecito rápido al Caribe. Ya se sabe, dos son compañía pero tres (mente, cuerpo y Saboteador) son multitud.

Debes saber que él no confía en ti. Se hace el imprescindible y te ha convencido de que eres afortunado porque está siempre a tu lado para decirte cómo debes hacer las cosas. Te obliga a hacer un esfuerzo muy superior e innecesario para jugar al fútbol. Además, cuando fallas, te echa a ti la culpa. Te dice que ha sido porque no le has hecho caso, porque lo has hecho tarde o pronto, o demasiado lento o rápido... en fin, que nunca aciertas.

No contento con esto, el Saboteador te evalúa y juzga continuamente. Pero es que, además, no te dice que en tal o cual jugada lo has hecho mal, sino "qué malo eres". No te dice que aquí has llegado tarde, sino que "eres más lento que el caballo del malo". Con cada error, sube el tono de la reprimenda, aumentando el nivel de frustración en cada ocasión. Te va hundiendo poco a poco. Tu cuerpo, por otra parte, cree que eres imbécil. Le parece increíble que ya no confíes en él. ¿Quién te enseñó a andar antes que hablar? ¿Quien pegó las primeras patadas al balón cuando todavía no había Saboteador? ¿Quién metió los primeros goles? ¿Fue "el otro" o fui yo? "El otro" ni siquiera existía y nos iba genial. Llevo toda la vida entrenando y sacrificándome para jugar con los mejores, y ahora resulta que yo, tu cuerpo, tengo que hacer lo que me dice "este listillo". ¡Pero quién se ha creído que es! Lo cierto es que esta situación parece bastante absurda y, a tu cuerpo, le encantaría que hicieras algo al respecto.

Hay una regla básica para tratar con tu Saboteador. No debes negociar con él. Ten en cuenta que lleva mucho tiempo contigo, te conoce perfectamente y es tan inteligente como tú. A veces, incluso más. Te enredaría y te llevaría al huerto de nuevo. Tengo una propuesta y va en serio. Antes del próximo partido, encierra con llave a todo tu Comité de saboteadores, te la cuelgas del cuello, y les pones el DVD de la película "Una mente maravillosa". Así podrán comprobar como el protagonista (Russell Crowe) los identifica y los mantiene a raya hasta alcanzar su momento cumbre; el Premio Nobel.... y, además, los tendrás ocupados. Creo, contra el sentir general, que no es necesario que te esfuerces más en el campo, sino menos. Lo conseguirás fácilmente si, en el próximo partido, eres tú quien sale al campo. Tú solo, sin tu Comité de saboteadores. Si intentan volver, tan sólo debes sentir la llave para recordar que están encerrados y seguir jugando.
Confía en tu cuerpo porque, de forma inconsciente, sabe hacerlo perfectamente. Desde siempre. Eso funciona. De hecho, es lo único que funciona.

 
  "Todos y cada uno de nosotros, futbolistas o no, tenemos, por lo menos, un Saboteador. Debes saber que él no confía en ti. Se hace el imprescindible"  
 
 
imprimirenviar